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    Arauca - Proyecto Social

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    Por: Mariana Sanz de Santamaria

    Entrega de 900 copas menstruales BLOOM y desarrollo de talleres de educación menstrual y derechos sexuales y reproductivos a la comunidad de Arauca, Arauca con el programa ERA de ACDI VOCA

    El departamento de Arauca ha sido uno de los mayores receptores de la migración venezolana en Colombia. El masivo éxodo venezolano junto con las ya precarias condiciones sociales del departamento por la presencia de grupos armados al margen de la ley, el narcotráfico y el vivo conflicto armado ha priorizado atención y apoyo internacional para esta población. 

     

     

    La organización de cooperación internacional ACDI/VOCA implementó en abril del 2017 la estrategia ERA, Respuesta de Emergencia en Arauca, un programa que pretende atender tres frentes: Uno es WASH que busca mejorar el acceso al agua y la calidad de esta, el saneamiento básico e higiene, dos es Seguridad Alimentaria con la capacitación para la siembra y cosecha de huertas caseras y Protección, que es apoyo psicosocial a 5,241 personas.

     

     

    Los participantes del programa se caracterizan como personas migrantes forzadas venezolanas, colombianos retornados y población de acogida, que son colombianos afectados por la migración venezolana y víctimas del conflicto armado. El 66,7% de la población atendida son afectados por crisis migratoria, el 33,3% son colombianos de acogida. Las más afectadas en esta crisis, son las mujeres. A pesar de que representan el 50,8%, los hombres del 42,2% son realmente los hijos de estas mujeres, entre 0-11 años o adulto mayor. El 81,2% de las cabezas de hogar son mujeres quienes tienen que asumir la carga de cuidado y sostenimiento económico del hogar además de la carga emocional que implica la migración y las condiciones en las que están. 

    Y ¿los hombres dónde están? El programa ha detectado dinámicas reiterativas de maltrato y abandono en el que los hombres dejan a mujeres con hijos y se van con otra y repiten dejando hogares abandonados y a mujeres asumiendo esa carga. Los hombres consiguen dinero más fácil en rebusques como obreros o transportando a personas, alzando bultos y “tirando pala”, o demás labores que requieren de fuerza física mientras las mujeres no logran rebuscarse suficiente sustento y se ven obligadas a buscar una figura de seguridad económica masculina que lleve algo de dinero a la casa para alimentar a sus hijos a cambio de sexo.

    Hay alta tasa de violencia basada en género y violencia sexual basada en género. Esta última es la realidad en el 11,3% de las mujeres. En ellas también hay casos de depresión (incluyendo de menores), 4 intentos de suicidio y profundas crisis emocionales. 

    La salud menstrual y el manejo de higiene menstrual de estas mujeres ha estado afectado por las precarias condiciones sanitarias, así como por no tener acceso a productos de higiene menstrual que les permita desenvolverse socialmente. Por tanto, como parte del componente WASH del programa ERA, se gestionó la dotación de copas menstruales para un total de 900 mujeres priorizadas y con esta entrega un taller de sensibilización en anatomía femenina, ciclo menstrual y derechos sexuales y reproductivos.

     

     

    Se realizaron 30 talleres para un promedio de 30 mujeres por taller en 4 asentamientos en los alrededores del casco urbano de Arauca.

    Llegaron a los talleres mujeres de todas las edades. La gran mayoría de ellas con más de un hijo, con bebes en brazos o embarazadas. Frente a la relación con su menstruación todas manifestaron que era una experiencia negativa, que eran los peores días de su mes, que sufrían de cólicos, dolores de cabeza, vómito, náuseas, dolor del cuerpo, cambios de ánimo. Durante su menstruación muchas manifestaron que no salían de la casa, que se sentían inseguras de hacer actividades cotidianas, que se peleaban con sus maridos por sus cambios de ánimo, que les daba asco la sangre de su menstruación. Incluso algunas manifestaron querer morirse durante esos días.

     

     

    Frente a creencias compartieron que se creía que una mujer con la menstruación no podría cargar a bebés recién nacidos porque los ponía “pujones”,  no podría arrancar frutas o recoger siembra porque secaba las matas, tampoco podía sembrar, no podía cocinar torta ni nada de panadería porque se cortaba o no se elevaba, no podía hacer coladas o jugos porque los cortaba, no podía comer limón porque les daba hemorragia, no podía montar a caballo porque los ponía “arrechos”, ni en bicicleta o moto porque podía pincharlas, no podía cortarse el pelo porque se dañaba, ni cortarle o peinarle el pelo a nadie porque lo dañaba, no podía rasurarse porque se le ponía la piel oscura manchada, no podía tener relaciones sexuales porque enfermaba al hombre de infecciones o de cáncer y la mujer se enfermaba de cáncer uterino, no podía ponerse la ropa del hombre porque lo ponía bobo, no podía pintarse las uñas porque secaba el esmalte, no podía entrar a la iglesia o al cementerio porque era pecado o le daba más hemorragia y podía morir. Pero sobretodo no podía decir en público que tenía la menstruación y de eso no se hablaba casi. Todas coincidieron en decir que la menstruación era sangre sucia, sangre mala, sangre dañada, sangre inmunda.

     

     

    Ninguna pudo explicar cómo era el ciclo menstrual de la mujer. Las que intentaron explicarlo afirmaban que era la sangre podrida durante un mes dentro de la mujer y debía desecharse.

    Todas afirmaron que la mujer tenía una telita, o siete telitas, que cubría la entrada vaginal de la mujer antes de tener su primera relación sexual y que esta tela se rompía y sangraba. Algunas no sabían que la orina y la menstruación salían por orificios distintos y muchas pensaban que la sangre de la menstruación era el ovulo podrido y salía de los ovarios. Algunas creían que la vagina se ensanchaba y agrandaba con la edad y por las relaciones sexuales y que el flujo menstrual aumentaba con los años. La mayoría afirmó que la mujer tenía que tener hijos.

    El manejo de higiene menstrual dependía principalmente de las toallas higiénicas. Algunas hablaron de usar los pañales de sus hijos, de usar retazos de tela y papeles. La mayoría usan toallas higiénicas y el 100% de estas manifestaron que era incómoda, que las irritaba, las quemaba, que las hacía sentir inseguras de estar manchadas, de no poder dormir bien o ir a trabajar o ir a estudiar, de sentir asco, de que les generaba malos olores, de que no les aguantaba su flujo y coincidieron en que eran “la pesadilla”. Sin embargo, muy pocas, aproximadamente un 2%, habían usado tampones, el resto no por miedo a que nunca saliera, a que no aguantara su sangrado, a que se sintiera incómodo, a que se perdiera dentro de ellas o que les ensancharan la vagina y el marido la rechazara.

    Durante los talleres surgían dudas como estas:

    ¿Y si me violan con la copa?

    Que no se enteren de que no enferma la sangre porque si no, ¿cuándo descansamos?

    Y si no tengo inodoro, ¿dónde cambio la copa?

    Y si no tengo agua, ¿cómo la lavo?

    ¿Podemos usar en la casa todas la misma copa? ¿Qué pasa si sí?
    ¿No orinamos y sangramos por el mismo hueco?

    ¿Pueden las señoritas usar la copa? Porque tienen siete telas por ahí, la copa las va a romper.

    ¿Y si se pierde la copa allá adentro? 

    Después de los talleres las mujeres salían genuinamente agradecidas. Manifestaban, por ejemplo, “Me siento nueva”, “tengo 54 años y yo no sabía cómo funcionaba mi cuerpo” “acabo de descubrir mi cuerpo” “¿porqué nadie nos enseña esto?” “¿Porqué se demoró tanto en llegar?” “Si hubiera sabido todo esto antes mi vida hubiera sido diferente” “Tantos años con un cuerpo que no conocía” “Aprendí, tarde, pero aprendí” “¿Porqué nos enseñan todas esas mentiras?” “Me siento libre y fuerte” “Esto es como un sueño, parece mentira que exista una cosa como la copa”, “¿Y de verdad uno puede hacer todo con la copa?”, “¿Será que ahora voy a poder dormir?” “Ahora si voy a estudiar” “¿Cuándo vuelve a seguir hablando de estos temas? que acá nadie habla de eso” 

     

     

    Algunas anécdotas de los talleres:

    “A mi me casaron a los 14 años en Venezuela y tuve tres hijos con ese marido, a los 18 me sentí libre y salí corriendo a Colombia. Ahora tengo otra hija con mi marido colombiano. No salgo de la casa porque me dicen Veneca. Mi hijo tiene 3 años y se arranca el pelo y se saca sangre.”

     

    “A mi vecina el marido le quemó el clítoris. Y a su hija también.”

     

    “Yo tengo miedo que mi marido me deje porque yo no quiero tener sexo con él. Yo no siento nada y no quiero hacer nada y el me dice que yo estoy dañada y que me va a dejar. Pero yo a él lo amo, no sé porqué no quiero. -Tu fuiste abusada? – Si, por un guerrillero, cinco veces. Lo recuerdo perfecto. Tenía 11 años. Sé exactamente cómo fue, cuando fue y dónde fue. Siempre que intento concentrarme para tener relaciones con mi marido me acuerdo. A él lo llevaron a consejo de guerra y lo mataron porque yo hablé con los duros de ellos.”

     

    “Mi hija tiene 10 años, y se quiere suicidar y no sé porqué. Yo me dejé con mi marido y tuve otra pareja que ella decía que la tocaba. Ya me dejé con él y ahora volví con mi marido y ella me dice que se quiere suicidar, ¿yo qué hago?”

     

    “Yo tengo 4 hijos, más los de una hermana y de un hermano que me los regalaron a mi. Pero yo soy sola porque su papá pasa por ahí borracho. Una esta en las drogas y se me escapa y se me pierde semanas enteras consumiendo. Se prostituyó también y quedó embarazadita pero lo botó. Yo la amarré con cadenas a la cama y los del bienestar me cogieron, se la llevaron, ahora está en Bogotá y no sé de ella hace meses.”

     

    “Ahora salen embarazadas a los 12 asi irresponsables. Yo tengo dos hermanas que fueron bien casadas a los 11 y tuvieron su familia, pero casadas.”

     

    “A mi los del ICBF me tocaban disque a verificar si era señorita o no y si me sacaban de mi casa por escaparme. Y entonces ¿qué me tocaban si no hay una telita? Y yo sí era señorita pero es que me escapaba de mi casa porque ahí me abusaban.”

     

    “Yo sangro siempre que tengo relaciones, ¿porqué?”

     

    “A mi el médico me dijo que mi bebé estaba enfermo porque seguro una mujer con la menstruación lo había cargado.”

     

    “Yo no le voy a contar a mi marido de la copa porque seguro me la quita para que no pueda hacer cosas libre.”

     

    Las preguntas durante los talleres así como las anécdotas que fueron compartidas después de los talleres visibilizan en las mujeres un preocupante escenario de discriminación, maltrato, violencia e inequidad de género así como un profundo desconocimiento de su propio cuerpo, su ciclo menstrual y sus derechos. Las dudas y preguntas de las participantes, la alta tasa de fecundidad sobretodo en embarazo adolescente demuestra una evidente necesidad de educación sexual integral en clave de derechos sexuales y reproductivos.

     

     

     

     

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